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domingo, septiembre 18, 2005 

Trozo de una vieja novela...


Una pequeña fracción de cierto libro que escribí por ahí por los diecinueve años, y que por alguna razón, no pude ni podré volver a escribir. Solo pido comprensión: no está corregido, y el proceso que vivía era otro
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-¡Quién canta!- gritó la niña
- Canta quién ajusticiará a quienes tienen algo de humanidad en sus venas... - pronunció una voz sin dueño.


Sin embargo una capa flotante se dejó ver entre las sombras, y su portador era un ser joven de extraña belleza. En un segundo Karim vio a un hombre que solo mostraba su rostro pálido, extrañamente blanco, casi como la nieve. Sus ojos eran violáceos, como los de lobos de ciertas leyendas anthels de los cuales se decía que guardaban un secreto generalmente escabroso. Sus cabellos eran negros y rizados, brillantes como la noche estrellada. Pero su conjunto era inquietante y sardónico, un capricho de la naturaleza, demasiado extraño, anormalmente bello e insolente.

-¿Quién eres?- preguntó Karim. La presencia volvió a esconderse mientras ella hablaba.

- El hijo de un dios - canturreó el joven mientras reía.

A la princesa le fue imposible dudar de esta afirmación tan alocada. No se trataba de una criatura normal, definitivamente. Sin embargo... ¿el hijo de un dios ?

-¡Quién eres! ¡Te hablo en serio!- gritó Karim, esta vez, intentando por todos los medios el imprimir autoridad que le parecía inherente a pesar de sus ansias de igualdad.

- El hijo de un dios, pequeña princesa

Su voz era delicada y susurrante, aunque profunda como un abismo. El joven se dejó ver, alejándose de la sombra que lo cubría

- Nathaniel

Frente a frente, Nathaniel echó hacia atrás la capa que cubría sus cabellos nocturnos. Sonrió en un gesto orgulloso, similar a la autocomplacencia de quién intenta y logra impresionar a otro.

La princesa palideció. Era un rostro y un cuerpo especialmente familiar, sin embargo, se aseguró en su mente el no haberlo visto jamás y bajo ninguna circunstancia. Una figura tan peculiar sin duda la habría recordado.

Una extraña sensación recorrió todo su cuerpo, de pies a cabeza, un sentir desconocido para ella, aunque salvajemente natural. Comenzó a temblar, mientras retrocedía por inercia.

-¿Quién eres?- pronunció nuevamente en un murmullo, casi sin interrogar

- ¿Te haces esa pregunta a ti misma? ; eres una orgullosa princesa que lo tiene todo - dijo Nathaniel sin prestar atención a la duda casi injustificada - Sin embargo, hay algo que deseas y no lo posees.

-¿Desear?...

- Sí. No eres una persona plena y cargas con un vació demasiado terrible. Eres muy joven, sin embargo piensas como casi un adulto en muchas ocasiones. ¿Piensas?, Tal vez no es así; tal vez son vestigios de la rudeza de una imposición.

La palabra “imposición” danzaba burlescamente en la cabeza de Karim. El viejo Byrlando había formulado ya la interrogante: Estás bien instruida. Me pregunto si todo lo que me dices ha sido arraigado o asumido. Dudó ante la afirmación de Nathaniel. Dudó firmemente ante un desconocido que sin evaluar ninguna palabra parecía desnudar su alma. Dudó ante tal poder.

-¿Cómo lo sabes?- preguntó con orgullo.

- Te conozco. Y por eso sé de tu vacío.

Ambos enmudecieron durante unos segundos. Él con una orgullosa expresión en el rostro, y ella llena de sorpresa y asombro reflejados en sus ojos.

- He venido a pedirte algo, dulce Karim, mi dulce Karim. Y te lo pediré pues esta será la primera y última vez que te vea.

- Pídeme lo que sea necesario, y solamente si puedo cumplir lo concederé - exclamó la niña ignorando su extrañeza.

El semblante de Nathaniel se cubrió por una sombra gris.

- Sé que no tengo derecho a pedirte nada, pequeña. Nunca tuve derecho a hacerlo, por eso, antes que nada, te pediré perdón. Quiero que sepas que después de todo la humanidad es algo que me pesa enormemente, y eso pude experimentarlo al verte luchar. Eres una mujer muy valiente que tomará las armas y peleará en primera línea contra todo aquello que le atormenta. Tu sed de venganza destruirá todo aquello que deseas que sea destruido. Sin embargo, no podrás llenar ese vacío nunca.

- ¿Nunca?

- Escúchame Karim - dijo el joven enérgicamente. Yo procuraré ahora que puedas encontrar un camino para que seas feliz. Encontrarás la plenitud, pero quizás no durará mucho. Al menos esto te ofrezco, pero para eso debes confiar en mí firmemente. Ya no quiero hacerte daño... no más.
Todo acabó

Nathaniel se acercó lenta y suavemente, casi flotando hacia la princesa. Su larga túnica negra parecía llevarlo por el aire, como una hoja voladora que solo se deja someter. Alzó sus delgados y pálidos brazos hacia ella, alargando sus dedos, como si quisiera contenerla.

- Toma mis manos - suplicó.

Karim se acercó lentamente y tomó sus manos pálidas y frías, que, sin embargo, estaban cubiertas de un halo casi espectral.

- Cierra tus ojos, mujer - le dijo

Mujer... Era primera vez que le decían así. Y en medio de ese pensamiento, cerró sus ojos, entregando confianza enceguecida a quién no había visto jamás. Tal vez un sueño irresoluto era su única justificación, pues esos ojos de maldición anthel no eran un vestigio indiferente. Noches había soñado con una dulce implosión que le hacía sudar de inquietud. Y eso sintió apenas apoyó sus pequeños y delicados dedos en aquellas manos frías e incólumes, desprovistas hasta de vida y vivencias. Manos perfectas que no conocían la violencia, la sangre y el dolor, así como las manos infantiles de ella.

- No es el hijo de un dios. Es un dios...

Sintió como su cuerpo se envolvía en un halo de tibieza desconcertante. Cierto temor se apoderó de su ser mientras percibía la insolencia propinada por ese rostro que le miraba sin remordimientos, con una apenas sonrisa esbozada en el rostro. Se vio a si misma danzando en un cuerpo que en parte no le pertenecía; era ella misma, sin embargo los años habían pasado en unos débiles segundos de constancia. Era una mujer, un ser que eróticamente se balanceaba sobre sus pies desnudos, en medio de un bosque cubierto de hojas de oro que se mecían gracias a un poder más increíble que el mismo viento. Magia... solo magia.

Y allí estaba él, estrechándola en un abrazo que parecía comerse su alma a desgarradores pedazos sangrantes. Poseída en su cuerpo, capturó en unos segundos su influencia.

Amó durante esos segundos, lentos, casi atemporales.

Apenas desligándose de ella lo suficiente como para mirarla a los ojos, Nathaniel acarició ese rostro que había tardado unos segundos en multiplicar toda su vida...

- Perdóname...

Y se aproximó hacia ella. Fue el primer beso de una princesa que había consagrado, sin saberlo, una vida entera al derramamiento de sangre que tanto había intentado evitar. Su animalidad le dictaba fervientemente el despertar su naturaleza ante la injusticia que por ahora no conocía.

- Si tan solo supieras que vengo desde tantos años adelante a despedirme de ti, amada desconocida - pensó él mientras acariciaba los cabellos de ella, inusualmente cortos si se comparaban con los de las frívolas cortesanas...

- Cabellos cortos para que no incomoden en la batalla. Cabellos cortos para que la sangre voladora no se adhiera a ellos...

Ella solo sonreía inocentemente...

Él ahora se desligaba de su espalda

- Mírame bien que tal vez esta sea la primera y última vez que veas este rostro. Afortunadamente para ti, no te atormentarás nunca jamás con mi imagen. Y perdóname - repitió en un desgarrado petitorio - Perdona por ocupar mi magia contigo y aprovecharme de este estado para decirte todas estas cosas...

Karim le devolvió una fría mirada

- Empleas magia conmigo. Me desnudas con tu poder y eso es insolencia sin duda, pero al menos me has dicho a que me atenía al escucharte.

- No. No es así. Esto es lo mínimo que podía hacer. Por mi honor y el de mi rival más grandiosa, tenía que decirte todas estas cosas, de la única manera por la cual tu me escucharías. La humanidad que nadie logró despertar en mi me lo reclamaba a gritos, pues además de ser el hijo de un dios, mi madre era un ser de carne y hueso. Ahora que muero y vuelvo a mi origen, a mi propia tierra, me he dado cuenta de que hay algo que siempre me hizo vivir a pesar de propinar muerte de manera descarriada. Ninguno de ellos me importó en el momento en el cual tomé sus vidas y las hice mías, pues inocentemente y como parte de mí, sé muy bien lo que es morir.

- Calla y sonríe que la guerra ha terminado - murmuró Karim dulcemente, mientras sus ojos brillaban desmesurados - Todo acabó. No corre sangre de hermanos ni de demonios...

- Tu no entiendes.

- Claro que entiendo. Estás sano y salvo. No morirás

Él, quién había clavado la mirada en el suelo, la elevó lenta y deliberadamente en un solemne gesto de encuentro.

- Moriré - exclamó - Este es mi último vestigio de magia. Perdona por dar muerte a tus padres. Perdona por provocar una guerra que solo te trajo dolor, y perdona por anestesiar indolentemente tus sentidos que ahora nada saben de la preocupación. Oh... si, mi dulce Karim; ahora me miras pacíficamente y tu rostro está pleno de una sonrisa de muñeca que desconozco en ti. Pero al menos con esto me conformo.

Karim despertaba lentamente ante palabras tremendamente punzantes. ¿Ese era el destino que aguardaba por ella?. Se vio a si misma cargando una pesada espada llena de vida propia que arremetía contra cabezas adversarias. No, la voluntad no era de la espada, sino de ella misma, quien en una danza frenética sobre sus pies giratorios, hacía que los pastizales de batalla fueran bañados en sangre ajena. Sus propios pulmones se distendían y contraían convulsos de agitación, y su odio le hacía recobrar su fiera animalidad. De pronto, vuelta al punto atemporal, la voz de Nathaniel surgía de entre los gritos de guerra

- Olvidarás todo lo que te he dicho hasta que este momento llegue en realidad y me veas morir junto a tu espada. Así es el destino que nos aqueja...

-¡No! ¡No creo en tu destino nefasto!

Nathaniel tocó la frente de la princesa con el dedo índice

- Créelo - dijo

Entonces su capa se balanceó al darle la espalda bruscamente a quién permanecía atónita.

- Dama de Curl. Guerrera que será inmortalizada en canciones que se escucharán aún entre mis muertos. Una de las reinas más poderosas de toda Valvoria, defensora de tu pueblo y vengadora de los tuyos... todo eso eres tú. Y a pesar de siempre entrometerte en mis intereses que no fueron pocos, admito mi derrota ante tu espada. Y la admito ante ti, la mujer que me hizo entender con esos ojos dulces que morir puede llegar a ser un descanso ante mi conciencia podrida.

Karim quiso entonces despegar sus labios anestesiados para propinar palabras justas para esos instantes. Palabras de odio enorme hacia el mayor despojador que alguna vez pudo conocer. Palabras dirigidas hacia la misma muerte que frente a ella misma se había mostrado con un cuerpo material, quizás prestado o incluso creado como una vil pantalla.

- Te amo...

Nathaniel pronunció dichas palabras sin interrupción, tal y como había deseado. Cayó de rodillas sobre el pasto dorado del bosque perdido, mientras su sangre expuesta, antes oculta, salpicaba indiscriminadamente sobre Karim. Más sangre de un caído en la guerra; linfa negruzca que saltaba a presión desde la espada que se aprisionaba en el corazón roto de él. Se sucedió un grito desgarrado y doloroso, como el de una cría recién nacida de un animal salvaje que se somete por primera vez al mundo exterior. El rostro de Nathaniel se desfiguraba en medio de su propio líquido linfático que lo cubría y al mismo tiempo le quemaba la piel en ardores humeantes. Trozos de carne aún debatiéndose entre la vida y la muerte caían sanguinolentos sobre la tierra del bosque perdido. Ahora se mostraban sus huesos a medio calcinar, y sus cuerdas vocales aún podían emitir un chillido imposible de descifrar.

Karim retrocedió bruscamente unos pasos. No estaba anestesiada como ella creía...
Arrastrándose, Nathaniel murió. Solo sus ojos fríos permanecieron intactos, como dos gemas de hielo maldito. Y la princesa volvía a ser niña.

La vista de ella se cubría de sangre ajena que se introducía en sus ojos oscuros. No volvió a ver nada en ese instante. No volvió a recordar nada de esa escena


Crónicas de Valvoria- Libro II – La Sucesora

que me has dejado con la boca abierta!!

eso da vueltas en mi cabeza...vueltas y vueltas
a veces pienso:
¿quien eres?
¿donde existes?
me gusta hacerme esas preguntas..particualarmente cuando me encuentro con un misterio


saludos desde esta ciudad gris y que hoy, esta de luto.

Maurice

DUCHAMP DESISTIU DO JOGO?
NAO ACREDITO!
DUCHAMP DESISTIU DO JOGO?
NAO ACREDITO!
DUCHAMP DESISTIU DO JOGO?
NAO ACREDITO!
DUCHAMP DESISTIU DO JOGO?
NAO ACREDITO!
O TERÁ SIDO TINY
FANY OU DORA
GOOD GOD
TANTO DESESPERO

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