"Musa" que Di -Vaga
Y de pronto, me encontré en este bar desolado y ruinoso, como quién se encuentra con el descubrimiento más grandioso del mundo.
Y miré... sí; miré. Re-conocí trozos de fina madera, roída por las lágrimas y los mordiscos de innumerables insectos furibundos. Vi esas sillas... arraigadas a la piel de la tierra, polvorientas de cal sepia, testigo de tanta sonrisa. Por la cresta... tanta sonrisa.
Amorosos como siempre, esos ojazos tuyos, vidriosos de tanto beso invisible, miraban la mirada mía. Y se cruzaron en enredos indetectables, furiosos y secretos. Furtiva como la palabra misma, se reía la vista nuestra.
Pero llegó este incendio en el bosque. El eco del humo en esas tablas. Mi piel encendida por el fuego y sus propagaciones. Me deshice como se deshicieron mis papeles en la garganta, cuando quise ocultar confusiones.
Soy musa intocable de estúpidos sueños de rayos y centellas.
Quisiera ser amable, como es amable la más dulce entre los mazapanes y las galletas.
Quisiera ser mamífero cálido en el ovillo de unos brazos. Pero no sirven brazos cualquiera, sino aquellos que, simétricamente, me rompancabezas.
Podría recitar (recetar) a muchos esta noche, pero pese a repartir medicinas, hoy estoy enferma de tanta sobredosis de ideas macabras y sencillas. Sencillas en monedas, macabras en los cerros.
Me valgo de la sutileza más pura para no avergonzarme. Porque sutileza es aire por los pulmones: nos da la vida sin sentirlo.
