martes, septiembre 27, 2005 

(Préstame tus ojos)


Préstame tus ojos
Para ver con tus colores,
Palpar texturas
Con esas pestañas tuyas:
Jugar con las pelusas
Por el aire,
Restregar lágrimas,
Cocodrilos, rocas,
Sales, diamantes,
Obstáculos…

Y las libélulas,
Las mujeres
Los paisajes
Y las luces…

Por mi parte, y con respeto
Los solicito:
Enceguecí de pronto
Con tanto estímulo
Confuso,
Se estremeció el estómago
Y sus insectos:
Pasaste en frente mío
Y lo supe.

Préstalos:
No importa si están gastados
Por las penas que retuviste,
Ni la ira volcánica
Me es trascendente.

Los acepto enrojecidos,
Hinchados,
Secos… sí, secos…
Tristes,
Pero son tuyos y me servirán.

Siempre me has servido,
Como lo harán ellos dos:
Arráncalos: son mi trofeo…

Son mi trofeo...

miércoles, septiembre 21, 2005 

¡Tengo un monstruo dentro de mí!

Juro que tengo un monstruo encerrado. Si yo fuera tú, probablemente te (me) agarraría para la chacota. Pero es verdad. Representa todo lo que no quiero ser. En un ser vivo demasiado siniestro. Siente y piensa de manera radicalmente opuesta a mi Yo titular. Es violento, impío e intolerante al máximo. Tiene rayones y voladas dignas del Dark Side. Se imagina en sitiales absurdos, desde los cuales todo se paga con Mastercard como mínimo.

Yo le hablaba de él a mi ex pareja, a quién le ocurría algo similar, pero en un enfoque diferente. Yo, muchas veces traté de ridiculizar sus deseos suicidas de dejarse morir de manera violenta. Muchas veces también (por su propio bien) quise bajarle el perfil a sus deseos de arrancar a países en guerra para vivir la adrenalina a concho de lo que implica el peligro. Pero es que él, encantador como es, pacifista y… bien, lleno de buenos deseos para la humanidad, honestamente no entiendo por qué –por puro gusto, o más bien, necesidad biológica creo- se le salía el indio.

Pues bien, querido, creo que es hora de decirte que te entiendo. Hay una parte de nuestro ser que nos hace sentirnos culpables, el pedazo que mantienes en absoluto secreto para no acabar siendo apuntada con el dedo. Pero ahora que lo pienso… ¿Qué tanto? ¿Acaso todos los seres humanos son buenos todo el tiempo? Además, al diablo ese lo tengo encerrado bajo siete llaves. Y finalmente soy lo que soy: Un proyecto de progresista tolerante (es difícil, pero no imposible) y amante del arte.

Amas lo que odias, dice el dicho. Por eso, no te cases con nada. Y el imbécil que se trague el cuento de que los seres humanos debemos ser óptimos, le aconsejo que se mande a revisar los sesos.

¡El que sea perfecto, levante la mano!... ¿Cómo?... ¿Nadie?... Ah no… ¡Mueran desgraciados! Y de paso me mato también porque en esta vida de mierda no queda más que hacer. (No por favor… no te mates… ¡no! ¡no!)

(Risas)

martes, septiembre 20, 2005 

Dicotomías del Lenguaje

Lo he dicho una y otra vez, y lo repetiré hasta el cansancio. Nuestro idioma, y sobre todo la manera de interpretar sus significados es terriblemente machista.

Hombre Público:



Un personaje con bastante que decir. Exitoso a nivel profesional. Provisto de carisma y envestido por el reconocimiento ajeno. Les guste o no, aquí tenemos un ejemplo: Ricardo Lagos Escobar. Dudo que muchos presidentes en Chile tengan la posibilidad de dejar el cargo con un 60% de apoyo popular. Como sea Él es el ejemplo del Hombre Público por excelencia.


Mujer Pública:


Se entiende que es pública= de todos, por ende, también todos quieren darle. NO creo que sea necesario seguir aclarando este punto. Las asociaciones son automáticas, ¿No?


Me encanta el castellano, pero a veces su aplicación está llena de arcaísmos un tanto imbéciles.

domingo, septiembre 18, 2005 

Trozo de una vieja novela...


Una pequeña fracción de cierto libro que escribí por ahí por los diecinueve años, y que por alguna razón, no pude ni podré volver a escribir. Solo pido comprensión: no está corregido, y el proceso que vivía era otro
__

-¡Quién canta!- gritó la niña
- Canta quién ajusticiará a quienes tienen algo de humanidad en sus venas... - pronunció una voz sin dueño.


Sin embargo una capa flotante se dejó ver entre las sombras, y su portador era un ser joven de extraña belleza. En un segundo Karim vio a un hombre que solo mostraba su rostro pálido, extrañamente blanco, casi como la nieve. Sus ojos eran violáceos, como los de lobos de ciertas leyendas anthels de los cuales se decía que guardaban un secreto generalmente escabroso. Sus cabellos eran negros y rizados, brillantes como la noche estrellada. Pero su conjunto era inquietante y sardónico, un capricho de la naturaleza, demasiado extraño, anormalmente bello e insolente.

-¿Quién eres?- preguntó Karim. La presencia volvió a esconderse mientras ella hablaba.

- El hijo de un dios - canturreó el joven mientras reía.

A la princesa le fue imposible dudar de esta afirmación tan alocada. No se trataba de una criatura normal, definitivamente. Sin embargo... ¿el hijo de un dios ?

-¡Quién eres! ¡Te hablo en serio!- gritó Karim, esta vez, intentando por todos los medios el imprimir autoridad que le parecía inherente a pesar de sus ansias de igualdad.

- El hijo de un dios, pequeña princesa

Su voz era delicada y susurrante, aunque profunda como un abismo. El joven se dejó ver, alejándose de la sombra que lo cubría

- Nathaniel

Frente a frente, Nathaniel echó hacia atrás la capa que cubría sus cabellos nocturnos. Sonrió en un gesto orgulloso, similar a la autocomplacencia de quién intenta y logra impresionar a otro.

La princesa palideció. Era un rostro y un cuerpo especialmente familiar, sin embargo, se aseguró en su mente el no haberlo visto jamás y bajo ninguna circunstancia. Una figura tan peculiar sin duda la habría recordado.

Una extraña sensación recorrió todo su cuerpo, de pies a cabeza, un sentir desconocido para ella, aunque salvajemente natural. Comenzó a temblar, mientras retrocedía por inercia.

-¿Quién eres?- pronunció nuevamente en un murmullo, casi sin interrogar

- ¿Te haces esa pregunta a ti misma? ; eres una orgullosa princesa que lo tiene todo - dijo Nathaniel sin prestar atención a la duda casi injustificada - Sin embargo, hay algo que deseas y no lo posees.

-¿Desear?...

- Sí. No eres una persona plena y cargas con un vació demasiado terrible. Eres muy joven, sin embargo piensas como casi un adulto en muchas ocasiones. ¿Piensas?, Tal vez no es así; tal vez son vestigios de la rudeza de una imposición.

La palabra “imposición” danzaba burlescamente en la cabeza de Karim. El viejo Byrlando había formulado ya la interrogante: Estás bien instruida. Me pregunto si todo lo que me dices ha sido arraigado o asumido. Dudó ante la afirmación de Nathaniel. Dudó firmemente ante un desconocido que sin evaluar ninguna palabra parecía desnudar su alma. Dudó ante tal poder.

-¿Cómo lo sabes?- preguntó con orgullo.

- Te conozco. Y por eso sé de tu vacío.

Ambos enmudecieron durante unos segundos. Él con una orgullosa expresión en el rostro, y ella llena de sorpresa y asombro reflejados en sus ojos.

- He venido a pedirte algo, dulce Karim, mi dulce Karim. Y te lo pediré pues esta será la primera y última vez que te vea.

- Pídeme lo que sea necesario, y solamente si puedo cumplir lo concederé - exclamó la niña ignorando su extrañeza.

El semblante de Nathaniel se cubrió por una sombra gris.

- Sé que no tengo derecho a pedirte nada, pequeña. Nunca tuve derecho a hacerlo, por eso, antes que nada, te pediré perdón. Quiero que sepas que después de todo la humanidad es algo que me pesa enormemente, y eso pude experimentarlo al verte luchar. Eres una mujer muy valiente que tomará las armas y peleará en primera línea contra todo aquello que le atormenta. Tu sed de venganza destruirá todo aquello que deseas que sea destruido. Sin embargo, no podrás llenar ese vacío nunca.

- ¿Nunca?

- Escúchame Karim - dijo el joven enérgicamente. Yo procuraré ahora que puedas encontrar un camino para que seas feliz. Encontrarás la plenitud, pero quizás no durará mucho. Al menos esto te ofrezco, pero para eso debes confiar en mí firmemente. Ya no quiero hacerte daño... no más.
Todo acabó

Nathaniel se acercó lenta y suavemente, casi flotando hacia la princesa. Su larga túnica negra parecía llevarlo por el aire, como una hoja voladora que solo se deja someter. Alzó sus delgados y pálidos brazos hacia ella, alargando sus dedos, como si quisiera contenerla.

- Toma mis manos - suplicó.

Karim se acercó lentamente y tomó sus manos pálidas y frías, que, sin embargo, estaban cubiertas de un halo casi espectral.

- Cierra tus ojos, mujer - le dijo

Mujer... Era primera vez que le decían así. Y en medio de ese pensamiento, cerró sus ojos, entregando confianza enceguecida a quién no había visto jamás. Tal vez un sueño irresoluto era su única justificación, pues esos ojos de maldición anthel no eran un vestigio indiferente. Noches había soñado con una dulce implosión que le hacía sudar de inquietud. Y eso sintió apenas apoyó sus pequeños y delicados dedos en aquellas manos frías e incólumes, desprovistas hasta de vida y vivencias. Manos perfectas que no conocían la violencia, la sangre y el dolor, así como las manos infantiles de ella.

- No es el hijo de un dios. Es un dios...

Sintió como su cuerpo se envolvía en un halo de tibieza desconcertante. Cierto temor se apoderó de su ser mientras percibía la insolencia propinada por ese rostro que le miraba sin remordimientos, con una apenas sonrisa esbozada en el rostro. Se vio a si misma danzando en un cuerpo que en parte no le pertenecía; era ella misma, sin embargo los años habían pasado en unos débiles segundos de constancia. Era una mujer, un ser que eróticamente se balanceaba sobre sus pies desnudos, en medio de un bosque cubierto de hojas de oro que se mecían gracias a un poder más increíble que el mismo viento. Magia... solo magia.

Y allí estaba él, estrechándola en un abrazo que parecía comerse su alma a desgarradores pedazos sangrantes. Poseída en su cuerpo, capturó en unos segundos su influencia.

Amó durante esos segundos, lentos, casi atemporales.

Apenas desligándose de ella lo suficiente como para mirarla a los ojos, Nathaniel acarició ese rostro que había tardado unos segundos en multiplicar toda su vida...

- Perdóname...

Y se aproximó hacia ella. Fue el primer beso de una princesa que había consagrado, sin saberlo, una vida entera al derramamiento de sangre que tanto había intentado evitar. Su animalidad le dictaba fervientemente el despertar su naturaleza ante la injusticia que por ahora no conocía.

- Si tan solo supieras que vengo desde tantos años adelante a despedirme de ti, amada desconocida - pensó él mientras acariciaba los cabellos de ella, inusualmente cortos si se comparaban con los de las frívolas cortesanas...

- Cabellos cortos para que no incomoden en la batalla. Cabellos cortos para que la sangre voladora no se adhiera a ellos...

Ella solo sonreía inocentemente...

Él ahora se desligaba de su espalda

- Mírame bien que tal vez esta sea la primera y última vez que veas este rostro. Afortunadamente para ti, no te atormentarás nunca jamás con mi imagen. Y perdóname - repitió en un desgarrado petitorio - Perdona por ocupar mi magia contigo y aprovecharme de este estado para decirte todas estas cosas...

Karim le devolvió una fría mirada

- Empleas magia conmigo. Me desnudas con tu poder y eso es insolencia sin duda, pero al menos me has dicho a que me atenía al escucharte.

- No. No es así. Esto es lo mínimo que podía hacer. Por mi honor y el de mi rival más grandiosa, tenía que decirte todas estas cosas, de la única manera por la cual tu me escucharías. La humanidad que nadie logró despertar en mi me lo reclamaba a gritos, pues además de ser el hijo de un dios, mi madre era un ser de carne y hueso. Ahora que muero y vuelvo a mi origen, a mi propia tierra, me he dado cuenta de que hay algo que siempre me hizo vivir a pesar de propinar muerte de manera descarriada. Ninguno de ellos me importó en el momento en el cual tomé sus vidas y las hice mías, pues inocentemente y como parte de mí, sé muy bien lo que es morir.

- Calla y sonríe que la guerra ha terminado - murmuró Karim dulcemente, mientras sus ojos brillaban desmesurados - Todo acabó. No corre sangre de hermanos ni de demonios...

- Tu no entiendes.

- Claro que entiendo. Estás sano y salvo. No morirás

Él, quién había clavado la mirada en el suelo, la elevó lenta y deliberadamente en un solemne gesto de encuentro.

- Moriré - exclamó - Este es mi último vestigio de magia. Perdona por dar muerte a tus padres. Perdona por provocar una guerra que solo te trajo dolor, y perdona por anestesiar indolentemente tus sentidos que ahora nada saben de la preocupación. Oh... si, mi dulce Karim; ahora me miras pacíficamente y tu rostro está pleno de una sonrisa de muñeca que desconozco en ti. Pero al menos con esto me conformo.

Karim despertaba lentamente ante palabras tremendamente punzantes. ¿Ese era el destino que aguardaba por ella?. Se vio a si misma cargando una pesada espada llena de vida propia que arremetía contra cabezas adversarias. No, la voluntad no era de la espada, sino de ella misma, quien en una danza frenética sobre sus pies giratorios, hacía que los pastizales de batalla fueran bañados en sangre ajena. Sus propios pulmones se distendían y contraían convulsos de agitación, y su odio le hacía recobrar su fiera animalidad. De pronto, vuelta al punto atemporal, la voz de Nathaniel surgía de entre los gritos de guerra

- Olvidarás todo lo que te he dicho hasta que este momento llegue en realidad y me veas morir junto a tu espada. Así es el destino que nos aqueja...

-¡No! ¡No creo en tu destino nefasto!

Nathaniel tocó la frente de la princesa con el dedo índice

- Créelo - dijo

Entonces su capa se balanceó al darle la espalda bruscamente a quién permanecía atónita.

- Dama de Curl. Guerrera que será inmortalizada en canciones que se escucharán aún entre mis muertos. Una de las reinas más poderosas de toda Valvoria, defensora de tu pueblo y vengadora de los tuyos... todo eso eres tú. Y a pesar de siempre entrometerte en mis intereses que no fueron pocos, admito mi derrota ante tu espada. Y la admito ante ti, la mujer que me hizo entender con esos ojos dulces que morir puede llegar a ser un descanso ante mi conciencia podrida.

Karim quiso entonces despegar sus labios anestesiados para propinar palabras justas para esos instantes. Palabras de odio enorme hacia el mayor despojador que alguna vez pudo conocer. Palabras dirigidas hacia la misma muerte que frente a ella misma se había mostrado con un cuerpo material, quizás prestado o incluso creado como una vil pantalla.

- Te amo...

Nathaniel pronunció dichas palabras sin interrupción, tal y como había deseado. Cayó de rodillas sobre el pasto dorado del bosque perdido, mientras su sangre expuesta, antes oculta, salpicaba indiscriminadamente sobre Karim. Más sangre de un caído en la guerra; linfa negruzca que saltaba a presión desde la espada que se aprisionaba en el corazón roto de él. Se sucedió un grito desgarrado y doloroso, como el de una cría recién nacida de un animal salvaje que se somete por primera vez al mundo exterior. El rostro de Nathaniel se desfiguraba en medio de su propio líquido linfático que lo cubría y al mismo tiempo le quemaba la piel en ardores humeantes. Trozos de carne aún debatiéndose entre la vida y la muerte caían sanguinolentos sobre la tierra del bosque perdido. Ahora se mostraban sus huesos a medio calcinar, y sus cuerdas vocales aún podían emitir un chillido imposible de descifrar.

Karim retrocedió bruscamente unos pasos. No estaba anestesiada como ella creía...
Arrastrándose, Nathaniel murió. Solo sus ojos fríos permanecieron intactos, como dos gemas de hielo maldito. Y la princesa volvía a ser niña.

La vista de ella se cubría de sangre ajena que se introducía en sus ojos oscuros. No volvió a ver nada en ese instante. No volvió a recordar nada de esa escena


Crónicas de Valvoria- Libro II – La Sucesora

 

(¿Por qué no?)


Podríamos haber sido grandes amigas; ¿Has pensado en esa extraña posibilidad?. Nos hubiésemos partido de la risa en medio del acto de hacer café, es decir, pelando, divagando y fumando. Podríamos haber salido a vitrinear a esas tiendas que de seguro, a ti también te encantan. Hubiésemos criticado a los desubicados de las fiestas que llegan con actitud galante, como actores de películas porno de poca monta. Pocas cosas permanecerían de pie después del torbellino…

Nos hubiésemos defendido a brazo partido. Compartiríamos en este momento, uno que otro secreto de belleza. Te podría decir, descaradamente “Eso que llevabas puesto se te veía horrible”, y tú decirme “¿No te da vergüenza salir a la calle como una piñata de cumpleaños?”

Podríamos pasarla genial en un panorama de fin de semana. Lógico: seamos objetivas. Pero por favor, seámoslo. Apuesto mi cabeza a que tú has pensado lo mismo que yo.

Mi cabecita hace muchos años ya que es fría. Separo las cosas con mucha facilidad: el placer del trabajo, los unos de los otros y las generalidades de las particularidades. Es decir, querida, usted está en frente de una mujer adulta. En ese sentido puedes estar tranquila.

No eres un ángel, pero tampoco un demonio. Pero sin duda, eres una buena chica.

(Las cosas que separan a las personas, en muchas oportunidades, no valen ni medio centavo; hoy puedo decirlo con una sonrisa de triunfo en el rostro)

viernes, septiembre 16, 2005 

Diseño e Igualdad



Podemos decir muchas cosas respecto al diseño, como por ejemplo que el diseño es el reflejo del hombre, pues a partir de sus carencias -expuestas frente al espejo-, pudo construir aquello que le hacía falta. Se dice que nadie da lo que no tiene; sin embargo el diseño es prueba de que esta frase tan arrebatadoramente bien escrita tiene algunos errores, pues extendió en el ser humano los brazos, las piernas, la fuerza, la inteligencia y la belleza, aspectos todos necesarios para la tan alabada evolución.

Por otra parte, el diseño es una disciplina social por excelencia. Para sobrevivir como tribu, es innecesaria la expresión de la autoría en el diseño; en su inherencia al ser humano, la necesidad misma provoca que las personas, improvisadamente o no, creemos cosas para resolver nuestros problemas. El diseño es, entonces, anónimo y vital como respirar, y eso es por que carecemos de piel gruesa, garras, dientes fuertes, y poder físico; es nuestra ofrenda a la humanidad entregado en forma de supervivencia, pues la necesidad precede al autor y a su importancia. Los objetos pasan a ser tan naturales y cotidianos en nuestras vidas, que no percibimos la existencia normal sin muchos de ellos, y que, en su carácter de casi orgánico, nos resulta al menos arrogante que un diseñador nos exija cierta deuda social por su obra.


Debe ser por lo mismo que el diseño (cuando se deja ver, más allá de su naturalidad, insertándose artificialmente) es considerado como un bien suntuario. El mal diseño lo es, cuando el mito supera a la obra y su utilidad, transformándose en una parafernalia egocéntrica y carente de conciencia. El buen diseño entra en nuestras vidas sin que nos demos cuenta, de manera fluida, coexistiendo entre nosotros.




El problema comienza aquí. ¿Por qué existimos los diseñadores, si el proceso que la implica en si es inherente al ser humano?... bueno, porque esta disciplina (profesionalizada) es fruto de la modernidad, y en esta la especialización es importante y el tiempo escaso. Nadie tiene tiempo para vivir y diseñar. Mejor es ofrecer productos que faciliten las ajetreadas vidas actuales, y ese es un trabajo silencioso y delicado.

El otro problema tiene que ver con el asunto de la identidad. Muchas ideologías y religiones se han puesto en la postura de que todos somos iguales. Personalmente me parece que es una idea un tanto simple que nos han intentado hacer tragar a la fuerza y sin importar la realidad, pues reniega de uno de los aspectos más importantes de la naturaleza del ser humano: la propia identidad y la imperfección. Es de “malvados” el no creer en la igualdad, cuando la exaltación de la identidad propia es la que permite que el genio exista, y la que impide ponerlo en el mismo nivel que un analfabeto. Seamos honestos, nadie se cree igual que su vecino...

Los diseñadores existimos porque, pese a que está en la naturaleza del hombre el diseñar, como todo en la vida, hay buenos y malos. Y si no existieran buenos ni malos, estas palabras estarían erradicadas del diccionario.

Aquí es cuando la identidad juega un papel importante. La forma de ser está ligada a la creatividad, la inteligencia y muchas otras cosas más. En el diseño se da lo mejor de uno, pues es una obra en la cual se manifiesta, lo que sentimos y nuestra percepción personal respecto a un tema, claro está, documentado y realista, pero fruto de una interpretación propia, cuyo filtro es la humanidad. Entonces, los diseñadores debemos aprender a vivir en una paradoja, que en si es un alto precio por pagar para aquellos que deseamos alcanzar notoriedad: vivimos de una disciplina anónima, que se alimenta irónicamente del ego, lo cual puede llegar a ser muy angustiante, pues no se le puede pedir a una madre que no se sienta que en parte es dueña de sus hijos. Hay que entender que una madre no lo es, pero es lo que en verdad le gustaría, así como a algunos de nosotros nos gustaría alcanzar la gloria por nuestras obras, con la fama que merecería un actor de Hollywood. A los que no les interesa la fama, por supuesto que la van a pasar mucho mejor y para ellos les queda pintado: El Diseño...



miércoles, septiembre 14, 2005 

Puta... ¡Que feliz!


Primero me apenaba. Después me enfurecía. Finalmente me río. Sin duda es el mejor de todos los remedios.

"Santo Remedio": Te pido que salves a los infelices.

Son mis buenos deseos para la humanidad despreciada y pecadora, ajajaja.

(Aplausos del público)

lunes, septiembre 12, 2005 

Imparable


Estabas imparable
Eras un fruto silvestre,
Con demasiadas espinas
El cuerpo enronchado,
Se yergue en contracciones
Tu sabor entre agrio y dulce
La leche en la boca,
Dios...

Cástrame la inocencia
Con tus palabras
Incendiarias...

Hazlo en tu elemento
Cargado de vitaminas...
Me ofrezco en sacrificio.

 

A los Diseñadores NO nos toman en serio

No. Definitivamente no. A los diseñadores nunca nos han tomado en serio, y esa es nuestra soberana culpa. Quizás, en otros tiempos mejores, la “Disciplina del Futuro” que emulaba al gremio medieval con Klee y sus locuras, podría haber sido. Quizás él tuvo la posibilidad de sacarse el pillo en clases similares a los des-actualizados cursos de Desarrollo Personal (Taller de la Persona) que imparten en mi Universidad, actualmente.

Pertenezco a la Universidad de Valparaíso, supuestos Elefantes Blancos del diseño en Chile. No les creo ni media palabra; conozco a personajes que estudian en otras instituciones de dudosa procedencia, a quienes les han dicho lo mismo, y peor, les han ofrecido como ilusión dos palos al primero que salga. Me declaro escéptica respecto al tema, sin importar que sea la escuela más antigua y todo el resto de la palabrería.

Le tengo mucha fe, eso sí. Como toda ñoña empedernida, amo esta institución que nos otorga los conocimientos universales. Se supone… “Universales”. Sin un campus ni intercambio interdisciplinario, se hace lo que se puede. Entre arquitectos, cineastas e ingenieros en construcción… nos miramos de a turnos en el espejo.

Como dije, no nos toman en serio. Y es por varias razones: Primero que nada, no nos creemos el cuento. No falta el imbécil de dos neuronas y media que salta con soberbia absoluta, diciendo: “Pero estos huevones estudian para hacer monitos” ¿Y qué hacemos nosotros?: pues temblamos. Agachamos las orejas y cobramos una mierda por un trabajo que nos mantuvo despiertos día y noche. Porque si una cosa es terriblemente cierta, para un diseñador no existen los fines de semana, en su gran mayoría. En serio.


El diseñador le pone la cara a la empresa. Si a les parece poco, a mi no. Microsoft es lo que es por informáticos y diseñadores. Por otra parte, un ejemplo conocido: Shell. Raymond Loewy, el diseñador de la simplificación de la concha de ostra, el año 1971 fue protagonista de una campaña millonaria. Y ni hablar de la cantidad de ganancias que el rediseño insertó en la empresa.

Hay millones de ejemplos. Cualquier comerciante que se precie de tal, sabe que para ser reconocido, la imagen de la misma es de suma importancia. Y para llegar a diseñarla, el profesional debe contextualizarse, sea el negocio que sea.

Un diseñador no es cualquier goma. Tampoco es un fabricante de curiosidades. Un diseñador debe estar preparado para diseñar un libro de cuentos para niños, por ejemplo. Para ello necesita, por ejemplo, aunar esfuerzos con pedagogos y sicólogos. Por ende, aprender de sus disciplinas cada vez de acuerdo a su desafío. No es tan simple.

¿Cómo valorizar nuestro trabajo?... aquí es cuando el tan publicitado Colegio de Diseñadores (¿Dónde está?) debería ponerse los pantalones. Como primera medida, prohibiría terminantemente que un estudiante, sin un grado de licenciado (mínimo) hiciera trabajos remunerados. Últimamente algunas empresas (sobre todo las PYMES, es decir, la mayoría) se han acostumbrado a pedir trabajos por un par de lucas: eso es porque muchos estudiantes, que apenas tienen idea de cuanto vale su trabajo, cobran el pasaje de la micro por logotipos o páginas web, sin tomar en cuenta todo lo que ganan las empresas por eso.

Segundo: ¿Será posible normar las tarifas?. No tengo idea. Sería ideal una tabla, a disposición de todos nosotros, con un mínimo a cobrar. Un mínimo razonable.

Tercero: Es un asunto más bien moral. Un diseñador debe tener una posición activa en cuanto a fijar los plazos de su trabajo. Muchas veces (digo MUCHAS veces) lo clientes quieren una campaña “Para mañana”, y nosotros, lo hacemos. No me parece. Es cierto… nos regimos bajo leyes de mercado, lo que implica que el cliente, ante la negativa, buscará otra agencia. Pero, concientizando a todos los profesionales respecto al valor de su trabajo, probablemente podamos hacer que el cliente tome conciencia de su colaboración y del respeto hacia nuestro oficio, fijando plazos razonables. Dudo que a un científico le pidan descubrimientos “Para mañana”, guardando las proporciones.


Como sea, depende de nosotros. Si la gente nos cree “artistas” es nuestra culpa. Un diseñador no es uno de ellos: es una pieza clave dentro del mercado, inserto en una disciplina racional, aunque a usted, señora, señor, le cueste trabajo entenderlo.

No quise dar un tratamiento peyorativo a la palabra artista. Al contrario… ellos llegaron antes que nosotros, y por cierto, conservan cosmovisiones mucho más elevadas que las de un diseñador. El arte responde a una necesidad social y moral; el diseño, pese a que en cuanto a contextos recurre a ella, responde a la necesidad del negocio de turno.

Gran diferencia.

(Respecto a las implicancias políticas de la propaganda y el Diseño Gráfico... en otro capítulo).

domingo, septiembre 11, 2005 

Anoche tuve un sueño.



Tuve un sueño de esos raros. Supongo que en la Universidad le llamarían “Conceptuales”

Escapaba de la inquisición de turno. No sé si eran caníbales ciberpunk o qué (discúlpenme; es un sueño), pero escapé corriendo por bares perdidos y terrosos, escaleras de casonas barrocas, y pasadizos secretos, hasta llegar a un jardín de verde recién cortado, extenso, similar a esas que se exhibían en la película El Joven Manos de Tijera. Sin rejas… solo verde, “perfecto”, tan americano…

De pronto me encuentro con un martillo en la mano y una televisión en frente. Me sentí auto-recluida; de pronto dejé de ser el personaje audaz de ese sueño (Que cambiaba su vida por cigarrillos) y me pregunté “¿Por qué tendría que hacerlo?, ¿Cuál es la utilidad práctica de romperla?”

Junto al aparato este, vi a un hombre joven, que me daba la espalda, sentado en cajón de frutas muy sólido. Se veía encorvado y triste… seco. Como un paño, dejaba ver toda su espalda. Como el cliché más cinematográfico iba vestido de negro. Nunca le vi el rostro.

Comencé a dar martillazos al aparato de televisión, animada por el hecho de que, “se trataba de un sueño”, y por una sensación particular que me provocaba ese tipo, sentado aparentemente como un souvenir más del paisaje. Fue como el consejo (un poco fuera de lugar) que me hace siempre mi mejor amigo “Déjate fluir”. Creo que con el pensamiento, él me decía: “Tienes que ser libre”, y en el fondo, me invitaba a focalizar “mi ira” en una metáfora insufriblemente típica de los videoclips de punk adolescente.

Di golpes progresiva
mente más furiosos, una y otra vez. El aparato siguió ahí intacto. Nada. Me frustré un poco, pero dentro de mi supe que no había golpeado tan fuerte; la mano invisible lo había impedido. Creo que, básicamente, me sentía ridícula haciéndolo. Le hablé entonces a este hombre:


- Mi hermano se hubiese reído de mí si me hubiese visto en este intento. Ni siquiera le hice un hoyo…

- Seguramente – me respondió él con voz pálida.


Y seguí intentándolo. Cada vez más fuerte. Más y más. Y no me percaté como es que la televisión se transformó en su espalda. En esa espalda encorvada de él.

Cuando me di cuenta, no dejé de golpear. Él recibía los martillazos sin quejarse. Yo golpeé más fuerte cada vez, y al tipo este no parecía importarle demasiado. La cabeza gacha, dejándose flagelar, los aceptó absolutamente todos. Hasta que me cansé, y me retiré jadeando.

Nada. Ni una sola queja. Y esta vez supe que no fue porque los golpes habían sido débiles. Esta vez me había liberado, soltado, animada por esa voz interior (¿Ajena?) que me impulsaba con el típico “Está bien, no pasa nada… es solo un sueño…”

Y ante mi sorpresa, de su bolsillo, él saca unas tijeras. Y procede a cortarse el cabello; el mismo que, apelmazado, mantenía hasta los hombros.



Caía, caía… así como pensé yo que caerían sus lágrimas.

Y como estúpida me quedé viéndolo todo. Me dieron ganas de ayudarle con esas tijeras, para redimirme de… todo lo que había hecho, sin embargo no lo hice.

¿Cual es el concepto de mi sueño?. No entiendo muy bien. Lo más probable es que ni los sueños me otorguen descanso al presidio auto infringido en el que vivo. También es probable que quiera decirme algo, como también, no significar absolutamente nada.

Lo dejo a interpretación abierta...

 

Todo comienzo puede ser tímido o entusiasta.


No sé muy bien que diablos estoy haciendo ahora. De pronto muchos de mis amigos virtuales me han convencido para que me haga un Blog, argumentando que "Se acomoda más a tu forma de ser". Sí... creo que tienen razón. Más que el fotolog, al cual le he dado un uso que no corresponde.

Lo interesante de experiencias como esta (hablo de subir información a la red), creo que se sustenta en la opinión ajena. Más allá de la autoreferencia (Frida lo definía muy bien "Me autorretrato porque es lo que mejor conozco"), vivimos en un mundo rodeado de gente, quienes encapsulan dentro de si un mundo interior susceptible de descubrir, desvestir lentamente, o simplemente devorar. Y ellos, con sus mundos -ustedes- opinan. Claro, vuestra opinión importa... de otra forma no levantaría este portal.

No puedo predecir cual será el rumbo de esta plataforma. Honestamente espero poder explayarme con mayor soltura que en otros espacios, y por supuesto, ser un aporte. Si lo soy o no... depende de ud. Si no le gusta, cambie en canal...

Bienvenidos y gracias por pegarme esta ojeada.