martes, octubre 11, 2005 

El momento estúpido



Creo que uno de los ramos más apestosamente complejos que me tocó cursar en la universidad fue Geometría Descriptiva. Si no me equivoco (puedo estar incurriendo a error) en otras carreras se le conoce como álgebra vectorial. Como sea... la verdad nunca fui buena para este ramo con sus planos verticales, horizontales, verdaderas magnitudes y otras yerbas.

Uno de mis problemas más serios siempre han sido de concentración. Pongo atención en clases durante cinco minutos; después de caducar dicho breve plazo, generalmente termino pensando otra cosa totalmente distinta, construyendo un imperio extraño en otro planeta y por supuesto, descontextualizándome de lo que el profesor hablaba. Justamente este fue lo que me jugó en contra.

Los pongo el el caso. Uno simple. Tengo dos líneas que deben intersectarse. Yo estaba en medio de una prueba, y mi mejor amigo me decía, entre susurros histéricos (e ilícitos): "Para que se intersecten en un punto... alarga la línea... ¡Alarga la línea!"

Yo: ¡Pero no se intersecta!
Él: ¡Alarga la línea!
Yo: Sssshht ¡Estoy alargando!
Él: ¡Pero alárgala!


El clímax llegó cuando exclamé, como pude:

"¡Pero se me acabó la hoja!"

Cabe señalar que el personaje en cuestión, furibundo, me quitó la hora en medio de la prueba. Y garabateó algo con su lapiz azul, cargadísimo a la hoja, con suma histeria.

Para mi sorpresa, vi como ambas líneas se intersectaban fácilmente. Simplemente, tenía que alargarlas hacia el otro lado... jajaja


Todos tenemos de esos lapsus estúpidos alguna vez en la vida. Los nervios me traicionaron esa vez... y cada vez que recuerdo ese episodio (con una mezcla de cariño y vergüenza) me río... me río... y no puedo parar de reír.

Comparta aquí lapsus académicos... si los tiene, claro.

domingo, octubre 09, 2005 

Tipologías de Diseñador


Hace un par de días me tocó ir a la facultad nuevamente. Como nunca, este año he visto muchos automóviles estacionados en la salida. Es un fenómeno que no había pasado en una escuela que tradicionalmente me había parecido más bien austera. Pero el día de hoy cuesta una millonada estacionarse, y es cada vez más frecuente el hecho de tener que dejar el cacharro a la cresta de la loma, y dejar las patas en la calle con la montonera de libros y enciclopedias que suelo cargar.

Más oportuno que nunca, he actualizado un viejo análisis de cómo se comporta un diseñador. Escribí este artículo, hace cuatro años atrás, pero los tiempos han cambiado tan velozmente, que se hace necesario retomarlo y re-construirlo. Cabe señalar que me refiero a los diseñadores de Chile, de la realidad que me ha tocado ver seguidamente, y que por lo visto, va de la mano con el alza del IPC y otras yerbas.

¿Por qué al diseñador no se nos toma en serio?. En un artículo anterior, lo enuncié como una afirmación. Es importante dilucidar el por qué, sobre todo para quienes estamos metidos en este mundillo un poco bipolar. Y es que se mezcla el prejuicio ignorante de uno que otro desinformado que jura que somos artistas plásticos buenos para sacar la vuelta, y el halo de chamanismo que rodea al personaje, motivo de estudio, en donde necesariamente, entro yo por ser del gremio.

Hasta hace algún tiempo se asociaba al diseñador con un tipo al cual no le alcanzó el puntaje de la prueba para entrar a una carrera un poco más tradicional. Puedo dar fe de que ese es un prejuicio, y en un arranque de soberbia les digo que en mi caso el puntaje me alcanzaba para estudiar lo que se me diera la gana. Y eso mismo provocó una serie de problemas familiares, como por ejemplo, que me llevaran a rastras a inscribirme en Derecho.

Por suerte después de un año pude salirme con la mía.

1.- En primer lugar, tenemos al diseñador ultra top. Es un personaje egocéntrico y espectacularmente bien vestido, consciente que todo este asunto tiene que ver con la compra y venta de servicios. Hace una década atrás, decir “Me vendo” se asociaba necesariamente a la prostitución. Hoy, este personaje dice, sin necesidad de arrugarse “Me vendo, y caro; soy producto suntuario de mercado”. Siente que cada una de sus piezas es en sí, “Diseño de autor”. No se le mete en la cabeza que el diseño es una disciplina social, y que no adquirirá notoriedad por trazar la caja del detergente. Sin embargo, insiste.

La triste realidad es que, al menos en Chile, quienes pueden sobresalir con más facilidad deben ser parte de un clan familiar, cuyo capital heredable le permita tener un local en Alonso de Córdova. El apellido es un bien preciado dentro de este medio, y lo hace todo más fácil. No importa si vienes de una universidad privada o una tradicional, y tampoco importan las calificaciones. Y eso es porque necesariamente las influencias y el dinero, con su devastador efecto clasista, siempre, pero siempre, marcan el paso en este negocio.

El diseñador ultra top consagrado, tiene más plata que cualquier profesional. Vive en un palacio de arquitectura efectista, con locuras minimalistas, y aparece mostrando su vida familiar (él y su perro) junto a la piscina, en alguna revista de decoración, junto a reportajes de muebles del norte de Europa. Es apreciado, adorado, odiado. Va a fiestas electrónicas con sandalias de plástico, sentando un precedente: “Las sandalias de plástico son lo que se lleva”. Es insoportable. Muestra escandalosamente, en algunos casos, su condición homosexual. Y esto último no es necesariamente reprobable; lo que sí lo es representa la mueca de desprecio que le da fuero para hacer escándalo.

El mito trasciende a la obra. Pretende algún día llegar a ser como Andy Warhol, el maestro de la autocreación y la autodestrucción. Sin embargo, su talento muchas veces nos genera numerosas dudas. Por suerte, no es siempre. Pero aunque tenga mucho talento, jamás, los simples mortales como nosotros, podremos acceder a sus productos.



2.- En este grupo tenemos al diseñador teórico. Lucha con todas sus fuerzas por ser confundido con un sociólogo o un profesional de terno y corbata, aunque con más licencias para desprenderse de las convenciones lateras que cree, circundan al resto. Usa traje, “pero no es latero”. Siempre será (para él mismo) un mago de la creatividad, el que logra ver cosas que los demás no ven, ya sea por falta de visión, como por simple ignorancia.

Se jacta de poseer conocimientos en todas las áreas y ser profundamente culto. Seguramente sabe hablar italiano. Habla del diseño social, en todos sus libros, sin embargo como académico es de los que raja a todos los alumnos, considerándolos unos buenos para nada. Se ríe de los jóvenes. Se rodea de un séquito de pequeños saltamontes que lo admiran con devoción.

Como diseñador propiamente tal, no es necesariamente notable. Pero escribe y habla de maravillas, con un poder de convencimiento similar al de Hitler en su tiempo. Se le conoce uno que otro afiche tirado a colorado, desafiante, anhelante de libertades, con el puño en alto, y de telón, el proletariado. Pero él jamás, seguramente, ha agarrado una escoba, y menos una hoz o un martillo, en toda su vida.

Es el personaje estrella en las conferencias. Se rodea de un aura de grandeza que le provocaría rabieta a cualquier persona que crea, pueda rebatirle. Se alimenta del aplauso y del reconocimiento ajeno… ojalá internacional.

Habla del diseño. Pero intenta negarse a si mismo. En el fondo es un tipo extraño y de pocos amigos.

3.- El diseñador con ansias de libertad. En este grupo entra el personaje que NO concibe que el diseño es producto de mercado. Vive en una especie de pobreza autoimpuesta, rodeado de vicios y de un aura chamánica similar a la de un brujo, o un tarotista. Se cree cercano al arte y a sus grandezas espirituales. Se viste con sencillez vergonzosamente falsa, siendo en muchos casos un tipo que toda su vida fue de buena familia, pero que intenta desesperadamente ser del pueblo, sin darse cuenta que su forma de hablar delata su origen. Se odia a si mismo, se desprecia, sufre su dilema como un Edgar Allan Poe cualquiera, seguramente al lado de una botella de alcohol.

Bueno para la hierba y los alucinógenos varios, aspira a vivir en una casa con lo mínimo. Sus diseños generalmente son incomprensibles en su “exceso de sensibilidad”. En el fondo de los fondos, su ego se alimenta con sangre: él siente que trasciende a los temas mundanos y a las estupideces humanas de prácticamente, todos. Él es tan especial que no las necesita.

Dice que odia al dinero y las frivolidades. Él desea ser libre a toda costa. En la universidad seguramente estudió los ramos que a él le interesaron, dejando a los otros por su “falta de contenido”. Es excelente lector, pero su comprensión de lectura se ve mermada por el frecuente estado de intemperancia en el cual vive.

Si por esas casualidades de la vida alcanza notoriedad, él mismo, en una actitud kamikaze, hace lo posible y lo imposible para boicotear su propia felicidad, en pos a una libertad que jamás tuvo.

Vive y crea en torno a su desgracia.

4.- En esta categoría, tenemos a un equipo masivo de nuevos diseñadores que de pronto, junto a la moda de los 80, se sienten sumamente especiales. Pertenecen al gremio de “los chicos alternativos”, buenos para ir al cine y hablar en abstracto. Son amantes de la televisión y sus influencias, sin embargo, lo niegan. Leen uno que otro libro de sicología a medias, y se sienten con autoridad plena de hablar con terminología mal empleada.

Amantes del Suede y de fetiches sexuales, alucinan con la onda porno bizarra. No entienden ni jota de lo que ven, pero su sensibilidad se ve tocada con todo aquello pasado a truculencia. Si les venden el cuento que una película en la que se expone pedofilia en medio de luces de colores es arte, seguramente se volverán cultores de la misma.

Se quejan en contra al sistema, sobre todo en contra de la “insustancialidad” de los medios. Sin embargo, persiguen asiduamente una moda en la cual la esfera de espejos los hipnotiza. Medio cineastas, medio fotógrafos, sienten que son los que tienen más que decir. Todo un aporte post moderno. Sin embargo, no ven las noticias ni se informan respecto a lo que ocurre en el acontecer nacional o internacional. No saben en que mundo están parados, a tal nivel que se sienten sumamente originales, sin percatarse que junto a ellos camina una tropa de supuestos rupturistas que hablan en idioma subterráneo.

5.- Y aquí llego necesariamente al grupo más grueso de los diseñadores gráficos. Aquí encontramos a un tipo sin opinión, obsesionado por el Photoshop. Siente que el computador es la respuesta a todos sus problemas, y no lo concibe como simple herramienta. Se esmera en adquirir conocimientos técnicos en todo programa computacional que exista. Generalmente es un genio como tutorial, pero un desastre como diseñador.

Recurre a extraños efectos de brillos, y odia el espacio en blanco. Para él el diseño es saturar el lienzo con brillos, estrellas y gritos visuales. Le pone color, como se dice.

No tiene opinión respecto a ningún tema. No se cuestiona respecto a los alcances del diseño. Se contenta con un sueldo miserable, si tiene espacio frente a un computador. Él mismo no valora su trabajo, sintiendo que todo es un juego como Super Mario BROS. De seguro, en sus tiempos libres se divierte con pornografía de la red, de la cual es asiduo consumidor. Y cree que un diseñador se mide en cuanto tenga capacidad en frente a la cajita idiota.

Probablemente, dada su poca capacidad de gestión, su personalidad retraída buena para el hentai, nunca adquiera notoriedad en ningún sitio.


Más de alguien podrá sentirse identificado con alguno de estos grupos. Yo misma me siento con una pata en uno y otra pata en otro. Pero lo curioso de este análisis, es que hace cuatro años pude detectar solo tres grupos. Es que los tiempos cambian, todos aprendemos… todos sucumbimos ante nuestras propias debilidades. Y muchas veces, ellas van en desmedro a nuestro propio y mal ponderado oficio.

Chicos: depende de nosotros necesariamente hacer algo para que no se nos cuestione nuestra coherencia. Es que en resumen, el diseñador es un papagayo exótico con hambre de crear. Y de aparentar, por qué no…