miércoles, marzo 29, 2006 

Gracias a los Indolentes por leer hasta el Último-Verso.




Paso a paso
Una nota se hace música
Invisible
Partitura perfumada
Piedra, mar madero,
Viñedo
Se levanta esa mujer maldita
De poeta en poeta
De Rimbaud a Baudelaire
De adolescente a arribista
Danzando
“Pedazo” de Art Noveau
rodeada de espejos
“Pedazo” de corona sobre cada ojo,
Osatura enrojecida,
Asoleada, expuesta con alarde
Sobreactuada hoy
Amada ayer
Invisible antes de ayer…

Es que se arranca los ojos
Se ríe cuando otros lloran
Y se llora –entera- cuando otros ríen.

Es de bar a manos - manosbarias
Gaviotas sobrevoladas en este Valparaíso
Se le escapan de la boca.

En su complejo, palabra a palabra
Quiere salvar algo
Para su libro de Historia

Extracto de princesa, de balcones:
Cuando habla disipa
Gesticula, espanta, domina,
Se pierde
Se le quiebran las piernas
Por cada dirección opuesta que le compulsa

Que se le vuele el fantasma
Entre las sábanas
En-torva sonrisas tiernas
Y ojalá: después no reclame por sus letras.

Papeles, lienzos,
Magísteres, Doctorados,
Sanados, Encontrados
Años, tantos…
Litros y litros de concentración tropical
Y ahí, ella
La del Art Noveau, las canciones
Del norte cercano, lejano
Rosa giratoria
Años-y-años / de-destino
Se acaba la fiesta
Botamos el telón y los platos
Botamos todo
Botó ella la saliva en el tiesto
Asqueada de tanto veneno sabor a océano;
Grita, se arrepiente con dignidad
Y silencio,
Años y años… de años
La ventana abierta a Emile,
Paisaje de Somerscale en frente
Navales, los meses
Épicas: las guerras
Y ella…
Con la cabeza en Rimbaud… Baudelaire,
Le pican los ojos a la muy bestia
Le pican y se contiene
Que el humo le extirpó Él-Los Sentidos.

Y se arrepiente.

lunes, marzo 27, 2006 

f r i d a



AS: Admirada Frida, alguna vez has dicho: “¡El espejo! ¡Verdugo de mis días!”...

FK: es verdad... porque de pronto, allí abajo ese espejo omnipresente, se hizo imperioso el deseo de dibujar. Tenía tiempo no sólo para trazar líneas sino para infundirles un sentido, una forma, un contenido. Comprender algo de ellas, concebirlas, forjarlas, retorcerlas, desligarlas, reunirlas, llenarlas.

AS: ¿te sabes bonita y por eso siempre te pintas?

FK: no, es que estoy sola casi siempre y me parezco a mucha gente y a muchas cosas. Al modo clásico, para aprender utilicé un modelo: yo misma. No fue fácil: por más que una misma sea el tema más evidente, también es el más difícil. Uno cree conocer cada fracción de su cara, cada rasgo, cada expresión, pero ahora todo se burla. Una es una misma y otro: una cree conocerse hasta las puntas de los dedos, y de pronto siente que su propia envoltura se escapa, se vuelve completamente extraña a lo que la llena. En el momento en que uno siente que no soporta más verse, comprende que la imagen que tiene delante no es una misma. Del modo más académico hice de mí misma mi modelo, mi tema de estudio. Y me apliqué.

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Extracto de cierta entrevista a Frida. Me impacta la lucidez de sus palabras, y no puedo menos que robármelas, para ser otra de esas caras que se parecen a otras caras. En su soledad punzante no podía ser surrealista. Pintó su realidad con fuego y sangre. Y retrató de si lo que mejor conocía: "a si misma"

Besos Frida.

jueves, marzo 16, 2006 

Video Girl Ai


Retomando el ciclo de los recuerdos, no puedo menos que mencionar un manga que me sacudió el corazón, capítulo a capítulo. Sí... Video Girl Ai.

Con ese me enamoré hace nueve años atrás. Y con ese mismo cabro chico vestido de escolar, demasiado flaco, lindo, y depositario de mis sentimientos, nos juntábamos capítulo a capítulo, cuando iba a la Crazy all Comics cada dos semanas a gastar dos lucas y media por un ejemplar que nos dejaba con gusto a poco.

Es de esas historietas para leer en el banco de la plaza... comiendo galletas. Para darle vida a un aburrido asiento de un centro comercial ya pasado de moda por caracol y ochentero. Estremece en su simple y básica belleza emotiva... tanto que en vez de avergonzarte, te enternece. Sí... porque Video Girl Aí está a un paso de ser vulgar, pero germina airosa ante las manos de un tipo que resultó maldito por siempre por su propia creación insuperable.

Este clásico, pese a tener elementos evidentemente fantásticos, tiene la particularidad de ser en cierta medida autobiográfico. Mazakasu Katzura, su autor, no ha podido sacarse el fantásma de Video Girl, autoplagíandose de una vez y para siempre.

El panorama es simple: Yota, un quinceañero enamoradísimo hasta las patas de Moemi, una chica espectacular, sufre un desengaño amoroso, al hacerse amiga de ella. Moemi le confidencia que está enamorada del mejor amigo de él, Takeshi, un tipo topísimo, estupendo, y frío que no pesca a nadie.

Desolado por ser tan perdedor (el autor se ensaña en demostrar que Yota es un desadaptado, sobre todo en la comparación entre él y su amigo), va a quitarse la pena arrendando su -primera- película porno, la cual resultó ser una cinta mágica, de la cual sale una linda chica llamada Ai, saltando desde el VHS hasta sus brazos.

Yota tiene tan mala suerte, que por cierto, su equipo de video ya estaba medio estropeado desde antes, lo que provoca que la imagen se distorsione de pésima manera. Ai entonces, se transforma en una proyección defectuosa de lo que siempre debió haber sido: Una geisha PROGRAMADA para ser complaciente, cuya misión se limitaba a consolarlo el tiempo que duraba la reproducción de la cinta, es decir, tan solo tres meses.

En vez de ser el modelo de mujer perfecta (de acuerdo a la concepción oriental... los hombres dirán el resto), Ai resulta ser una chica inquieta, juguetona, cabra chica, totalmente desvergonzada, impulsiva y violentamente amorosa. Yota entonces, no puede dejar de compararla con su eterno amor, Moemi, una chica seria, recatada, hermosa y bastante más suave que su nueva amiga. Y "claramente" (no sé que mierda tendría en la cabeza el autor) Ai sale perdiendo.

Video Girl Ai, gracias a su defecto de origen pierde sus habilidades culinarias innatas, sus dotes amatorios, su voluptuosidad corporal (se le desinflan las pechugas... ¡por dios!) y su femeneidad religiosa. Y en su cercanía a Yota, termina enamorándose de él, sentimiento totalmente prohibido para estas entidades. Las Video Girls no son humanas, y NO se enamoran.

Entre el melifluo tira y afloja, y fuera de las referencias claramente machistas (lo interpretaré como diferencia cultural) Video Girl Ai tiene episodios memorables. Hay una escena en que ella le prepara una -horrible- cena a Yota, como sorpresa... y él llega con Moemi a cocinar. Ai oculta todo. Cenan los tres. Moemi se va junto a Ai hasta la estación. Y Yota, quien había notado los cortes en las manos de su amiga, se sienta a comer la cena.

-"Ese es uno de tus lados buenos" - le dice ella con expresión velada. Y el se sonroja y nos sonroja a todos.

O cuando salen de paseo a la ciudad... por primera vez para ella. Yota, cinéfilo, la invita al cine. Ella exclama, riéndose " En el cine están todos callados, no tiene ninguna gracia. Prefiero conversar contigo. El cine es una pérdida de tiempo"



El constante tira y afloja te mantiene a-flojado sobre la cuerda del vértigo. Se aman, pero se ocultan. Aparecen terceras personas. Él se pone "atractivo" de pronto y consigue a su amor de toda la vida, como a la mitad de esta serie de 40 capítulos en la edición española. Y cuando lo logra... ya no es lo mismo: Ai había calado demasiado hondo; había roto la barrera de lo que él creía, era su estereotipo, cambiándolo todo con su entrega sin límites tan "violently happy".

La dicotomía en la esencia de Ai se debatía ferozmente entre su naturaleza de "ayudar" a Yota a perseguir lo mejor para él y su amor inconmensurable. Por una parte, ella estaba consciente de que su reproducción acabaría y desaparecería para siempre, y por otra... lo amaba épicamente.

Podría decir que este manga es una tragedia griega con ojos vidriosos pasados a té verde ceremonial. Podría decir además que aquí se arrancan los corazones y se sugieren valores. No sé como diablos hizo Katzura para que nos identificáramos con su problemón, sin embargo lo logra con una honestidad "empiluchante" que casi llega a dar vergüenza.

Cada cierto tiempo, los leo. Es lo más lindo que alguien puede leer a los quince, y a los veinticinco... no me queda menos que sonreír nostalgicamente con las aventuras lacrimógenas y asfixiantes de estos no-tan-entrañables personajes. Si a la larga y siendo bastante honesta, la única que salva es Aí; el resto en su mayoría son unos buenos para nada que no tienen nada claro. Ella en cambio, una condenada a muerte, lo entrega todo -todo- en pos de los que seguirán viviendo.