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domingo, septiembre 11, 2005 

Anoche tuve un sueño.



Tuve un sueño de esos raros. Supongo que en la Universidad le llamarían “Conceptuales”

Escapaba de la inquisición de turno. No sé si eran caníbales ciberpunk o qué (discúlpenme; es un sueño), pero escapé corriendo por bares perdidos y terrosos, escaleras de casonas barrocas, y pasadizos secretos, hasta llegar a un jardín de verde recién cortado, extenso, similar a esas que se exhibían en la película El Joven Manos de Tijera. Sin rejas… solo verde, “perfecto”, tan americano…

De pronto me encuentro con un martillo en la mano y una televisión en frente. Me sentí auto-recluida; de pronto dejé de ser el personaje audaz de ese sueño (Que cambiaba su vida por cigarrillos) y me pregunté “¿Por qué tendría que hacerlo?, ¿Cuál es la utilidad práctica de romperla?”

Junto al aparato este, vi a un hombre joven, que me daba la espalda, sentado en cajón de frutas muy sólido. Se veía encorvado y triste… seco. Como un paño, dejaba ver toda su espalda. Como el cliché más cinematográfico iba vestido de negro. Nunca le vi el rostro.

Comencé a dar martillazos al aparato de televisión, animada por el hecho de que, “se trataba de un sueño”, y por una sensación particular que me provocaba ese tipo, sentado aparentemente como un souvenir más del paisaje. Fue como el consejo (un poco fuera de lugar) que me hace siempre mi mejor amigo “Déjate fluir”. Creo que con el pensamiento, él me decía: “Tienes que ser libre”, y en el fondo, me invitaba a focalizar “mi ira” en una metáfora insufriblemente típica de los videoclips de punk adolescente.

Di golpes progresiva
mente más furiosos, una y otra vez. El aparato siguió ahí intacto. Nada. Me frustré un poco, pero dentro de mi supe que no había golpeado tan fuerte; la mano invisible lo había impedido. Creo que, básicamente, me sentía ridícula haciéndolo. Le hablé entonces a este hombre:


- Mi hermano se hubiese reído de mí si me hubiese visto en este intento. Ni siquiera le hice un hoyo…

- Seguramente – me respondió él con voz pálida.


Y seguí intentándolo. Cada vez más fuerte. Más y más. Y no me percaté como es que la televisión se transformó en su espalda. En esa espalda encorvada de él.

Cuando me di cuenta, no dejé de golpear. Él recibía los martillazos sin quejarse. Yo golpeé más fuerte cada vez, y al tipo este no parecía importarle demasiado. La cabeza gacha, dejándose flagelar, los aceptó absolutamente todos. Hasta que me cansé, y me retiré jadeando.

Nada. Ni una sola queja. Y esta vez supe que no fue porque los golpes habían sido débiles. Esta vez me había liberado, soltado, animada por esa voz interior (¿Ajena?) que me impulsaba con el típico “Está bien, no pasa nada… es solo un sueño…”

Y ante mi sorpresa, de su bolsillo, él saca unas tijeras. Y procede a cortarse el cabello; el mismo que, apelmazado, mantenía hasta los hombros.



Caía, caía… así como pensé yo que caerían sus lágrimas.

Y como estúpida me quedé viéndolo todo. Me dieron ganas de ayudarle con esas tijeras, para redimirme de… todo lo que había hecho, sin embargo no lo hice.

¿Cual es el concepto de mi sueño?. No entiendo muy bien. Lo más probable es que ni los sueños me otorguen descanso al presidio auto infringido en el que vivo. También es probable que quiera decirme algo, como también, no significar absolutamente nada.

Lo dejo a interpretación abierta...

oh!! guau!!

hola, desde el lejano México y una ciudad gris...

oh!! guau!!

hola, desde el lejano México y una ciudad gris...

espero seguir leyendote...por ahora tambien te invito amis blogs...

El apetito de destrucción nos invade cual animales que somos. A veces no pensamos y nos tiramos a una causa casi por azar, por satisfacer nuestro ego, por ponerle el pie a alguien encima, por hacer notar y alardear alguna característica propia a alguien, a reafirmarse ante sí, de puro gusto, etcétera, etcétera, etcétera. No pensamos en el daño que podríamos hacer sino hasta que éste se hace manifiesto... y seguimos haciendo daño hasta que algo o alguien haga algo. Qué difícil es ser empático cuando no hay quienes manifiesten las consecuencias de nuestros propios actos.
Esto me hace pensar también en aquellos seres "mártires" como el señor de la "TV hight fidelity", que no dice nada ante el daño y se lo guarda para sí. ¿Le gustará?, ¿pretenderá que lo veamos como alguien de un estado espiritual superior y no dispuesto a rebajarse a la violencia básica del ser?.
Pretenciones van... pretenciones vienen.

Saludos Otobor... un beso.

La televisión puede ser la exposición, la apariencia, el simbolo de lo artificial. El hombre ese con quien quieres descargar cierta rabia hacia lo falso,(puede ser desde tu padre hasta un novio o simplemente el "hombre" como concepto)
pero no te permites dañarlo directamente,sólo esperas a que él mismo se castre y sientes remordimientos, ¿por qué?, no sé, no creo en las interpretaciones generales de los sueños

Pues si que eres de respuesta inmediata!
Todo el di­a de hoy me la he pasado revisando mil cosas que he escrito y
que me han enviado...seguir en contacto contigo estari­a muy interesante
y eso de Valparai­so...si que resulta muy ..no se como clasificarlo
aun..pero primero diria..de entrada..que es seductor..y muy reflexivo.

Soy de Mexico..el DF..es una ciudad muuuy grande..y uno se pierde
facilmente..sobre todo, cuando de trata de existir..

http://thesickjournal.blogspot.com

este link es mio tambien y mas serio...jajaja
Maurice

..a lo mejor tendras muchas ideas que decir y eso puede provocar cambios en quienes te rodean, de una manera positiva,...la televisión golpeada puede significar, que no encuentras el medio para expresarlas, sin embargo te estan observando...

saludos de un "Sigmund" interpretador de sueños

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